
La inauguración de un vivero forestal, la restauración ecológica y el fortalecimiento de sistemas productivos sostenibles marcan nuevos pasos para la adaptación climática en la ciudad.
En Esmeraldas, donde los efectos del cambio climático se sienten con fuerza a través de inundaciones, deslizamientos y la degradación de ecosistemas estratégicos, las acciones de adaptación se vuelven urgentes y necesarias. En este contexto, el 15 de abril de 2026 se llevó a cabo la reinauguración del vivero forestal de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FACAP) de la Universidad Luis Vargas Torres.
Este importante evento se desarrolló como parte de las actividades de colaboración entre el proyecto AdaptaClima y la FACAP. La jornada contó con la presencia de autoridades y funcionarios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), el Ministerio de Ambiente y Energía, y representantes de la universidad, evidenciando un sólido trabajo articulado en favor de la conservación ambiental.
El fortalecimiento del vivero de la Agropecuarias (FACAP) se constituye como una actividad clave para la producción de especies forestales destinadas a programas de reforestación y restauración ecológica en la provincia. Este vivero fortalece las capacidades locales para la recuperación de áreas degradadas y contribuye a la reducción de riesgos asociados a inundaciones y deslizamientos.



Entre los espacios desarrollados entre el proyecto AdaptaClima y la FACAP se encuentra un banco de germoplasma, enfocado en la conservación de recursos genéticos vegetales; un espacio de lombricultura, que promueve la producción de abonos orgánicos; y, la zona de germinación y crecimiento de las plántulas producidas en el vivero.
Las especies producidas en el vivero han permitido realizar plantaciones de frutales y especies medicinales manejadas bajo enfoques sostenibles; un jardín clonal de cacao de almendra blanca, orientado a la propagación de cacao de alta calidad; y actividades de restauración del bosque de Mútile, donde se desarrollan procesos de recuperación ecológica en zonas degradadas.



Además de su impacto ambiental, el renovado vivero fomentará la participación de los estudiantes universitarios. Esto permitirá fortalecer los procesos de formación práctica en el manejo de plántulas forestales y garantizará la transferencia de conocimiento y capacidades técnicas desde la academia hacia el territorio.
Estas iniciativas no solo contribuyen a la recuperación de ecosistemas estratégicos, sino que también fortalecen los medios de vida de las comunidades locales, generando oportunidades productivas más resilientes frente al cambio climático y reduciendo la vulnerabilidad ambiental en una de las provincias más expuestas del país.
Desde el PNUD mediante AdaptaClima se reafirma el compromiso de seguir acompañando estos procesos junto a socios estratégicos como la CAF, impulsando soluciones basadas en la naturaleza, fortaleciendo capacidades locales y promoviendo alianzas que permitan construir territorios más sostenibles, resilientes e inclusivos para el país.



Sobre AdaptaClima
El Proyecto Regional Chile–Ecuador: “Reducción de la vulnerabilidad climática y el riesgo de inundación en áreas urbanas y semiurbanas costeras en ciudades de América Latina y el Caribe, AdaptaClima” es una iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente de Chile (MMA) y del Ministerio de Ambiente y Energía de Ecuador (MAE), implementada por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, y financiada por el Fondo de Adaptación. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) actúa como entidad ejecutora.
AdaptaClima busca reducir la vulnerabilidad de las ciudades costeras frente a los impactos negativos del cambio climático. Sus prioridades incluyen fortalecer la capacidad de respuesta ante desastres como inundaciones, deslizamientos de tierra y flujos de lodos, promoviendo una cultura de adaptación en la región.
Las acciones de AdaptaClima se concentran en las ciudades costeras de Antofagasta y Taltal, en Chile, y Esmeraldas, en Ecuador, con el objetivo de generar aprendizajes y buenas prácticas replicables en otros territorios de América Latina y el Caribe.


